¿Son las gafas de un editor las mismas que las de un lector?
(Entrada basada en una encuesta en la que participaron más de 400 lectores) Cuando se adquiere alguna experiencia en el mundo de la ficción, es inevitable plantearse ciertas preguntas, pero siempre sobresalen dos: por qué y para quién se escribe una novela. La primera es fácil de responder. Y es que, si dedicas cientos de horas a crear mundos alternativos, a imaginar historias, posibles o imposibles, a asesinar, a redimir personajes tan vivos como podría estarlo cualquiera de nosotros —porque quién sería capaz de decir que es nuestra vida más vida que la de esos personajes que bucean las páginas de un buen libro— si consumes el tiempo libre que de no escribir tendrías disponible para cientos de actividades lúdicas, entonces es que sin el menor paliativo, te encanta hacerlo. Tan solo por eso se escribe, porque te apasiona, porque disfrutas con ello. Contestada la primera, queda la segunda: ¿para quién escribimos? Hay —al menos bajo mi punto de vista— dos respuestas posibles. Quizá...